Tantas veces lo mataron, tantas veces se murió… ¿Último grito visceral de ferocidad antisistema absorbido por las industrias culturales? ¿Cuestión de ética o de estilo? ¿Tema para una arqueología de lo inmediato? En nombre de una política del punk, habría que distinguir en las múltiples historias del movimiento que hacen a su historia las voces que lo relatan y aquellas otras voces que lo dictan, entre ellas las del periodismo especializado.Uno de esos dictados es recortar el movimiento sobre los moldes de sus orígenes y desarrollos en Inglaterra y Estados Unidos, imponiéndole esos patrones a la lectura de las manifestaciones locales del punk. Otro caso de reducción al estereotipo, como si fuera posible apretar el punk en un repertorio cerrado de rasgos siempre al alcance de la mano de apurados cronistas. Si una lista fuera posible, sería una lista de contradicciones.
Una de las voces dictadoras —para mencionar un ejemplo bendecido por el respetabilísimo periódico Le Monde Diplomatique— es Sergio Marchi. Periodista experto en cultura rock, en su libro El rock perdido. De los hippies a la cultura chabona renueva la demarcación de la línea divisoria entre civilización y barbarie, gesto muy caro a los ensayistas argentinos. Y, como suele ocurrir, además de tinta nueva, esta línea trae trazo grueso. Marchi pone el grito en el cielo (más que grito “alarido” o “chillido”) escandalizado por el pogo, al que describe como “esa costumbre cavernaria de saltar y golpearse entre sí”. Paso siguiente, deja bien en claro quiénes son los agentes de la barbarie: Los Violadores que en un recital fundacional en el Auditorio dela Universidad de Belgrano “basurean a todo el mundo” y motivan el destrozo de lo “que había sido hasta ese entonces un lugar cómodo y lindo para escuchar rock”. Aquí es donde el “experto en cultura rock” deviene en tía vieja.
Dejando de lado estos tan civilizados alambradores del campo rock, una vez escuché decir que el punk es la expresión musical del anarquismo, y en otra ocasión que tenía que ver más con el nihilismo. Pero ser anarquista no es ir contra todo, sino contra la opresión social y política. La consigna “hacelo-vos-mismo” (Do-It-Yourself) está en las antípodas del nihilismo, porque alienta a construir un mundo y una historia que siempre pueden ser diferentes a los dictados hegemónicos, a la exaltación del consumo, al endiosamiento del mercado, a las múltiples formas de la intolerancia y del segregacionismo, a la distribución desigual de los bienes materiales y culturales. El lema “hacelo-vos-mismo” es una invitación a la libertad, a hacernos cargo de nuestra libertad. De esto trata el punk como filosofía.
Cierto que uno siempre puede extraviarse si cree que el punk puede ser sólo una taxonomía de bandas, atuendos y raros peinados nuevos. Así es que siempre parece que tenemos que volver al momento y lugar de nacimiento: 1976, New York o Londres, Los Ramones, Televisión, Patti Smith o los Sex Pistols, The Dammed y The Clash. Y de inmediato se hace obligatorio un viaje a las raíces: bandas como los Stooges, MC5, New York Dolls, Dictators… Tal vez lo más acertado sea no aspirar a una cartografía precisa del territorio, sino recordar que toda cartografía además de producto de un registro es un rotulado. La cuestión es ¿quién pone los rótulos? La respuesta apunta a los sectores de mayor concentración de poder simbólico entre los protagonistas del campo: el periodismo, por ejemplo.
Hasta los ‘70, la única música descripta como “punk” era la que hacían grupos de la segunda mitad de los ’60, que florecieron después de la invasión inglesa de los Rolling Stones y los Yardbirds. La expresión “punk rock” fue acuñada en 1972 por el crítico de rock Jenny Kaye, y usada luego por escritores de la revista Creem. El término revivió cuando hizo falta describir al naciente rock callejero (“street rock”) de la escena newyorkina, porque esas bandas con su tosquedad se apartaban del pomposo rock de los grandes estadios. Ciertamente los Dictators usaban esa palabra para referirse a sí mismos y su LP de 1975 le dio ímpetu a la revista PUNK, publicada en New York, que fue el vehículo más eficaz para la popularización del término.
Hoy en día, cuando “punk” resulta una etiqueta tan llevada y traída, preguntarse acerca del punk en estas comarcas locales debería entrañar el gesto elemental de escuchar no sólo la música, sino qué dicen y qué hacen los protagonistas de la escena —músicos, público, productores— cuando dicen y hacen “punk”. Porque al punk lo haces vos mismo.
Texto publicado en Fanzine La Crítica Nº 2, Tucumán, 9/11/08.
Una de las voces dictadoras —para mencionar un ejemplo bendecido por el respetabilísimo periódico Le Monde Diplomatique— es Sergio Marchi. Periodista experto en cultura rock, en su libro El rock perdido. De los hippies a la cultura chabona renueva la demarcación de la línea divisoria entre civilización y barbarie, gesto muy caro a los ensayistas argentinos. Y, como suele ocurrir, además de tinta nueva, esta línea trae trazo grueso. Marchi pone el grito en el cielo (más que grito “alarido” o “chillido”) escandalizado por el pogo, al que describe como “esa costumbre cavernaria de saltar y golpearse entre sí”. Paso siguiente, deja bien en claro quiénes son los agentes de la barbarie: Los Violadores que en un recital fundacional en el Auditorio de
Dejando de lado estos tan civilizados alambradores del campo rock, una vez escuché decir que el punk es la expresión musical del anarquismo, y en otra ocasión que tenía que ver más con el nihilismo. Pero ser anarquista no es ir contra todo, sino contra la opresión social y política. La consigna “hacelo-vos-mismo” (Do-It-Yourself) está en las antípodas del nihilismo, porque alienta a construir un mundo y una historia que siempre pueden ser diferentes a los dictados hegemónicos, a la exaltación del consumo, al endiosamiento del mercado, a las múltiples formas de la intolerancia y del segregacionismo, a la distribución desigual de los bienes materiales y culturales. El lema “hacelo-vos-mismo” es una invitación a la libertad, a hacernos cargo de nuestra libertad. De esto trata el punk como filosofía.
Cierto que uno siempre puede extraviarse si cree que el punk puede ser sólo una taxonomía de bandas, atuendos y raros peinados nuevos. Así es que siempre parece que tenemos que volver al momento y lugar de nacimiento: 1976, New York o Londres, Los Ramones, Televisión, Patti Smith o los Sex Pistols, The Dammed y The Clash. Y de inmediato se hace obligatorio un viaje a las raíces: bandas como los Stooges, MC5, New York Dolls, Dictators… Tal vez lo más acertado sea no aspirar a una cartografía precisa del territorio, sino recordar que toda cartografía además de producto de un registro es un rotulado. La cuestión es ¿quién pone los rótulos? La respuesta apunta a los sectores de mayor concentración de poder simbólico entre los protagonistas del campo: el periodismo, por ejemplo.Hasta los ‘70, la única música descripta como “punk” era la que hacían grupos de la segunda mitad de los ’60, que florecieron después de la invasión inglesa de los Rolling Stones y los Yardbirds. La expresión “punk rock” fue acuñada en 1972 por el crítico de rock Jenny Kaye, y usada luego por escritores de la revista Creem. El término revivió cuando hizo falta describir al naciente rock callejero (“street rock”) de la escena newyorkina, porque esas bandas con su tosquedad se apartaban del pomposo rock de los grandes estadios. Ciertamente los Dictators usaban esa palabra para referirse a sí mismos y su LP de 1975 le dio ímpetu a la revista PUNK, publicada en New York, que fue el vehículo más eficaz para la popularización del término.
Hoy en día, cuando “punk” resulta una etiqueta tan llevada y traída, preguntarse acerca del punk en estas comarcas locales debería entrañar el gesto elemental de escuchar no sólo la música, sino qué dicen y qué hacen los protagonistas de la escena —músicos, público, productores— cuando dicen y hacen “punk”. Porque al punk lo haces vos mismo.
GÓMEZ
Texto publicado en Fanzine La Crítica Nº 2, Tucumán, 9/11/08.

1 comentarios:
Es inevitable expresar que
http://newsimg.bbc.co.uk/media/images/42085000/jpg/_42085600_grannies_416.jpg
Está bárbaro el artículo. Hablando de parir algo bueno, no te encariñes demasiado que tienen que salir igual de atendidos los hermanitos.
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