En la edición de octubre de la revista de una compañía de televisión por cable local, un reputadísimo historiador de esta comarca la emprende contra el graffiti. Este esclarecido gesto tiene el valor de recordarnos —si falta hiciera— quién es quien entre los más notorios saurios del jurásico provinciano. Distraído por un rato de su interés por la genealogía de las linajudas familias tucumanas, este profesional de la historiografía se da tiempo para sentenciar que el graffiti “constituye un acto antisocial: un delito liso y llano”.¡Horror de horrores!, la prueba está en el daño a “edificios del Estado y de los particulares”, quienes son obligados a “gastar dinero para volver las cosas al estado anterior”. En la consecuencia extrema del acto delictivo, “hay casos en que perjudica para siempre el soporte que eligió, porque borrar la pintura es imposible o muy difícil en ciertos tipos de revoques”. Conmueve la comprometida sensibilidad del intelectual por realidades tan desamparadas como las de “ciertos tipos de revoques”, por no hablar de su solidaridad por los propietarios… bah, por la
propiedad, digamos.Nada nuevo. Debido a su condición intrusiva de práctica estética que toma por asalto el espacio público, es un lugar común caracterizar al graffiti como una forma de vandalismo. La iracunda voz institucional poniendo el grito en el cielo (un cielo también institucional, claro) es el lógico resultado de cualquier acción que resista o transgreda el orden y la regulación. Sin embargo, podría llamar la atención el énfasis de esta voz en particular si se tiene en cuenta que es la de un historiador.
Desde sus orígenes en la antigua Roma, en Pompeya y Herculano, los graffiti han documentado la heteroglosia popular, el hormigueo del deseo, el susurro y el grano de lenguajes en pugna, fogonazos que alumbran las pasiones de la vida cotidiana. Por todo esto, estas imágenes y escrituras son fuente altamente estimable de materiales no sólo para la historia de la cotidianidad, sino para interpretar el clima social y cultural, el Zeitgeist, de una época.Nada de esto debería serle ajeno a un historiador. Pero tampoco cabe aquí sorpresa alguna: estamos ante una voz a la que el grano de estos lenguajes le escuece. Nada en ellos remite a alguna noble galería de damas y caballeros patricios.
Y llevado por su ímpetu, el ilustre académico no se detiene en su anatema del graffiti. No duda y va más allá, hasta denunciar la confabulación de “sociólogos y especialistas de la conducta humana en general” que, conjurados en pos de la legitimación de estas “pintadas en las paredes”, les dedicaron “desde sesudos y comprensivos artículos hasta libros y tesis doctorales”. ¡Habrase visto tamaña malversación de la razón!
Una vez puestos en evidencia los vándalos y sus cómplices disciplinarios, descarta no muy convencido la estrategia de apostar un “vigilante que haga guardia, listo para evitar las expansiones de ese joven que guarda un aerosol en su mochila”. Abrazado al sueño de evitar las expansiones de algún joven, concluye asignándole a la escuela la tarea de enseñar que “pintar paredes ajenas” no constituye ni arte ni broma juvenil, sino “un acto de vandalismo que causa injusto daño a terceros y que afea tristemente la ciudad que habitamos".
En contraste con estas convicciones, el fundamentalismo del revoque parece la vía más directa a una ciudad fea y triste. La escuela, por su parte, debería ella aprender de un muy citado graffiti del mayo del ’68 francés: “la imaginación al poder”.GÓMEZ

4 comentarios:
Bárbaro.
Es que hay de esos que piensan que el arte tiene su estante definido. La cagada es que algunos, ni llegamos, ni nos gusta ese lugar.
Eso sí, hay gente que consiguió permiso del gobierno para pintar en ciertos lugares, algunas paredes, los camiones de basura... Me late que el graffiti, como el stencil, era en esencia transgresor e insurgente. Uno de esos casos donde el medio es el mensaje.
Ahora, para estos señores, siguen "afeando" la ciudad, pero con el aval oficial. Se llega al estante del arte solamente usando la escaler que te presta el poder? Coman caca frita con choclo.
Abrazos, Pedrín. Me voy a rendir epistemología :P
Las palabras se nos caen eschando estas cosas, pero el problema es que no tenemos que callarlo sino gritarlo! hacer que nuestra voz sea mas fuerte! publicar nosotros tambien notas trangresoras en la revista del cable! retomar esos espacios de discusion para la gente que no sabe nada de la historia oficial pero que si anda caminando por esta calle y cagandose de calor y conociendo y comprendiendo a la gente. PAsó demasiado tiempo en la UNSTA chupando cirios y asi le quedó la mirada... vo vé!
Acerca de las formas y las institucionalizaciones del graffiti, quiero recordar este momento de Life of Brian que siempre me hace sonreír:
http://uk.youtube.com/watch?v=IIAdHEwiAy8
abrazo!
Yo voy a coincidir con mi querido Andreu Buenafuente y matizar. Claro que es una mirada foránea, pero vale para mí:
http://www.andreubuenafuente.com/?id=p701
Y a coincidir también con Pablo sobre los espacios a recuperar para debatir, construir y comprender.
Y dejo un sueño:
http://www.galeriaoberta.difusor.org/
Un abrazo fuerte, Pedrito.
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