miércoles, 29 de octubre de 2008

ALEGRES NECROLÓGICAS

Entre la maraña de carteles en la Facultad de Filosofía y Letras, el cartel de una agrupación de izquierda pregona que el capitalismo “se terminó”. Más que un diagnóstico sólido el veredicto suena a expresión de deseo. Sin embargo, no está solo. Lo acompaña un heterogéneo coro de voces institucionales que, al calor de la caída de los mercados, sentencia la muerte del sistema capitalista.
“Apocalipsis comunista” desaprobarán los escépticos, lamentándose otro exabrupto de la incansable doxa. Pero entre ese coro está la voz del Premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, quien en una entrevista dijo que “la caída de Wall Street es para el fundamentalismo de mercado lo que la caída del Muro de Berlín fue para el comunismo; le dice al mundo que esta forma de organización económica no es sustentable”.
Habrá quienes estén más dispuestos a prestarle atención a Stiglitz que a un dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas, por más Licenciado en Economía que sea. Lo cierto es que ambos parecen coincidir con respecto al agotamiento de ese modelo. Las divergencias más serias aparecerán sin duda cuando se trate de lo que vendrá después de esa defunción, porque es un cadáver que dará qué hacer.
Pero ya hemos vivido una era de supuestas defunciones con su correspondiente retórica obituaria: “la muerte de la historia”, “la muerte de las ideologías”, “la muerte del arte”... Para despecho de los funerarios, todos esos muertos rebozan hoy de vida plena, cierto que una vida plena también de tribulaciones y por eso aun más vivos. Así que convendría ser cautelosos con la tentación de extender certificados de fallecimiento, por más conceptuosos que sean (y suelen serlo mucho).
Los que sí se murieron fueron algunos bancos estadounidenses muy poderosos. Bush aplicó resurrección, salvando el dinero de los adinerados a costa de los contribuyentes. Pero el rescate no tuvo ni un instante de autocrítica, ningún gesto que revisara la crisis como consecuencia de un método: el método neoliberal y sus impunidades ante la falta de regulación. Más que muerto el capitalismo está en crisis, pero ya sobrevivió a varios naufragios, muchas bolsas se hundieron y él volvió a salir a flote. El error sería darlo por muerto y no advertir que persiste arrogante, flexible y maleable, sobre todo poderoso. Reventó la burbuja financiera, esa cuya ingeniería especulativa poco y nada tiene que ver con el objetivo de la producción de bienes. Pero sus apóstoles no están en retirada.
Más que alentar el ímpetu obituario, esta crisis debería tomarse con una muy importante oportunidad para poner toda la inteligencia, el compromiso social y la imaginación creativa en la tarea de forjar una era más radicalmente keynesiana, con mayor intervencionismo público y nuevas formas de organización y participación más ciudadanas. Antes que entregarse a un jubiloso arte fúnebre, la izquierda debería dedicar sus dispersas energías a la búsqueda de alternativas para una economía cuya fuerza principal seguirá siendo, mal que nos pese, eso que llaman “el libre mercado”.

GÓMEZ

1 comentarios:

Anónimo dijo...

QUERIDO PROFESOR..ESTUVIMOS VIENDO SU BLOG..Y NOS PARECIO INTERESANTE..LO QUE SI NO NOS PARECIO INTERESANTE ES HABERNOS COMPLICADO LA VIDA CON EL SEGUNDO PARCIAL DE SEMIOTICA!! NOO PROFE..NO PUEDE..NADIE HIZO NADA AUN..Y SOL FALTAN HORAS PARA ENTREGAR..TODOS SOMOS EN ESTE INSTANTE UN AGENTE DEL CAOS..AJAJ..EN FIN..QUERIDO PROFESOR..SIN MAS QUE DECIR QUE NO ESTARIA MAL QUE NOS DIESE TIEMPO HASTA EL PROSPERO VIERNES...NOS DESPEDIMOS DE UD ATENTAMENT.

ALUMNOS DE PRIMER AÑO DE COMUNICACION SOCIAL.UCSE