domingo 21 de marzo de 2010

"ESTOY DE ACUERDO..."

(Esto lo escribió Karina Rial, una chica de Buenos Aires. Invita a una reflexión crítica en momentos de afloramientos de neo-gorilismo y odio clasista).

La verdad es que creo que un problema recurrente que sufrimos los argentinos casi desde siempre, es la falta de capacidad que tenemos para escuchar al otro. Si el otro piensa distinto que yo, ya no merece la pena que escuche lo que tiene para decirme. Es posible pues, que en cuanto mis interlocutores vean de que va el mail, lo borren sin leer. A contrario sensu, muchos ni se gastan en escribirles o hablar con el que piensa distinto, perdiendo de vista ambos, pues, que mucho más puedo aprender, crecer y nutrirme del que piensa distinto, que del que dice y piensa lo mismo que yo.
Quiero escribir estas palabras, sin ánimo alguno de confrontar. Y lo hago porque todos los días recibo dos o tres mails criticando-denostando-puteando a Cristina Kirchner, con notas periodísticas o con chistes, "que la yegua ésta, que la maneja el bizco, que son los más corruptos de la historia", etc. etc. etc., y por eso quiero hacer una reflexión. Y porque si no hablo parece que estoy de acuerdo, y no lo estoy. Y porque muchos que piensan como yo, han decidido "callar para no discutir", pero yo aprendí que callar no le hace bien a nadie. Ni a los otros, ni a nosotros. Creo tener autoridad moral para hablar de "los políticos", porque me sumé a la militancia política a los 14 años, en lo que yo llamo la izquierda del radicalismo. Digo la izquierda, porque lo primero que me dieron para leer, en aquel entonces, fue un manifiesto llamad o "La Contradicción Fundamental: Pueblo y Antipueblo", y un par de libros de Jauretche, que marcaron mi ideario y mis sueños. Aunque después me haya tenido que ir del Radicalismo, para no traicionarme. CREO QUE TODOS SABEN QUE YO NO VOTE A CRISTINA: de hecho voté a Pino Solanas. Pero estuve haciendo un balance del accionar del gobierno de Cristina Fernandez, concretamente, (no el de Kirchner). De hecho, pensaba acerca de algunas medidas que me hubiera gustado que el gobierno de Alfonsín, al que defendí, y por el cual trabajé, hubiera tenido el coraje de tomar, y con las que estoy profundamente de acuerdo:

* Estoy de acuerdo con tener una Aerolínea de bandera estatal y no privatizada, NO IMPORTA QUE DE PÈRDIDAS. Aerolíneas Argentinas está para garantizar la conectividad, allí donde los privados no quieren ir porque no les conviene, n o está para hacer negocios. Argentina no termina en la Gral. Paz.
* Estoy de acuerdo con la Nueva Ley de Medios. Obviamente.
* Estoy de acuerdo con el modo en que se enfrentó la crisis económica internacional del año 2009. (Mantener los vínculos laborales, aunque sea subsidiando empresas, promoviendo el consumo, impulsando obra pública y construcción, que son industrias madres. ) De hecho estamos de pie a pesar de la crisis, y otros países a los que muchos pretendíamos huir -España, por ejemplo- están escupiendo sangre.
* Estoy de acuerdo con la Derogación de la fiesta negra de las AFJP. Soy coherente en esto: nunca me afilié a una. Siempre me quedé en el sistema de reparto.
* Estoy de acuerdo c on la Asignación Universal por Hijo de $180, que es de $720,- para el caso del hijo discapacitado, y nadie lo dice, ni siquiera el gobierno.
* Estoy de acuerdo con el Plan neokeynesiano de obras públicas, y la promoción de micro emprendimientos cooperativos para construcción de viviendas, en lugar de licitarlos para que se lo repartan entre Roggio, Techint y sus amigos.
* Estoy de acuerdo con la Ley de movilidad jubilatoria: es cierto que es poco, pero ahora los aumentos no dependerán de la voluntad de los gobernantes, ni de que sea o no año electoral. Poco, siempre es más que nada, que es lo que hasta ahora tenían.
* Estoy de acuerdo con la política de Derechos Humanos. Disfruté cuando bajaron el cuadro de Videla. JUICIO Y CASTIGO A TODOS LOS GENOCIDAS EN CARCELES CO MUNES.
* Estoy de acuerdo con modificar la carta orgánica del Banco Central para que constituya una herramienta del Estado y no un poder aparte cooptado por el poder económico.
* Estoy de acuerdo con la plata que maneja Milagro Sala, que por lo visto, está muy bien manejada. Estoy de acuerdo con que les construya casas, polideportivos y piletas de natación a los changuitos, que allí no tienen que pagar la entrada.
* No me parece pecado que el Estado quiera recaudar. Para hacer obras, necesita recursos. Eso no es "hacer caja".
* Estoy de acuerdo con la lucha contra los monopolios, comenzando por Clarín, que ya da vergüenza lo tendencioso y malintencionado de sus informes. Y la mala leche permanente d e s us comentarios. * Me parece de un machismo repugnante procurar permanentemente hacer quedar a la Presidenta como una boluda, sugiriendo que cogobierna con el marido, cuando ha dado cabales muestras de tener once veces más pelotas que él.
* Estoy de acuerdo con las retenciones móviles para el campo, porque creo que cuando nos va bien, está bueno. Y cuando nos va MUY BIEN, es una obligación moral compartirlo con quienes han ayudado a que me vaya muy bien, que son todos los empleados que tengo laburando en negro en el campo, que no tienen agua potable, ni les pago jubilación, y que mientras yo hacía "paro" y cortaba la ruta seguían en mi campo con el lomo al sol, levantando la cosecha. Y me dolió que, como dijo José Pablo Feimann, el gobierno casi se cae con el apoyo de la clase media, porque este es un país donde se le quiere sacar un 3 % a los terratenientes más poderosos y no se puede.
* Me parece notable que se usen con Cristina los mismos insultos que se usaban con Evita. Y lo digo como hija de una familia de gorilas, que creció escuchándolos.
* SI NOS TOMAMOS EL TRABAJO de entrar a la plataforma electoral del Frente para la Victoria, (yo me lo tomé) casi todas estas medidas estaban allí escritas y propuestas. O sea que eso de prometer y no cumplir no aplica en este caso. El que la votó y ahora la putea debió haber leído antes de votar. Y si no leyó, ahora sea responsable y bánquesela.
* No le envidio la cartera, ni el coiffeur, ni las carteras, ni los zapatos.
* Si la enganchan en una agachada, o en un acto de corrupción, deseo fervientemente que le den con un caño, porque habrá echado por tierra la esperanza y los sueños de un país mejor de mucha gente. Pero si el dato proviene de TN, me van a disculpar, pero no le voy a creer. Por aquello de Pedro y el Lobo, vio?
NO SOY KIRCHNERISTA, NI PERONISTA, PERO LA VERDAD QUE ESTOY DE ACUERDO EN UN MONTON DE COSAS. TENGO LA NECESIDAD DE DECIRLO PUBLICAMENTE PARA COMPENSAR TODAS LAS PUTEADAS QUE CIRCULAN, Y PORQUE COMO MI LABURO ES INESTABLE, HACE DOS AÑOS QUE NO ME PUEDO PAGAR EL PSICOLOGO, PERO ÈL ME ENSEÑO, AL IGUAL QUE MI TIA BEBA, QUE LAS COSAS HAY QUE SACARLAS PARA AFUERA!!! QUE TANTO!

KARINA RIAL DNI 21.764.660

"El peor analfabeto, es el analfabeto político. Él no ve, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. Él no sabe que el costo de la vida, el precio del pescado, de la harina, del alquiler, del calzado o del remedio dependen de las decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política. No sabe el muy imbécil, que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos que es el político corrupto y el lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”

BERTOLT BRECHT

domingo 14 de marzo de 2010

DIVERSIDADES (Apuntes)

Esto lo escribí como aporte al I Encuentro por la Diversidad (Domingo 14 de marzo, Piletón del Parque Avellaneda, San Miguel de Tucumán, 2010).


Un aspecto positivo innegable de la religión es que hace posible la herejía. Pocas fuerzas tan desestabilizadoras como las del deseo cuando se estrella contra los muros de la ley, gran ocasión para comenzar a pintarles a esos muros la ley del deseo. Ojalá pudiéramos todos formarnos en la voluntad partisana para ser capaces de decir: “cuando escucho la palabra ‘dogma’, empuño el deseo”; o mejor aún: “cuando caen sobre mí los dictados del dogma, dejo que me empuñe mi deseo”.

La cultura es la hidráulica del deseo. Lo paradójico es que este complejísimo conjunto de dispositivos de drenaje, encauzamiento y canalización reclame para sí los atributos de la naturaleza. El “orden natural de las cosas” es la fórmula más recurrente de los custodios del ordenamiento, siempre ansiosos de reducir el deseo a un catastro. Y sin embargo, las plataformas desde donde se prescribe este “orden natural” son las mismas que obturan —con el colosal artificio de sus estructuras— cualquier retorno a la naturaleza. Por supuesto, la invocación a la naturaleza contiene la magia autolegitimadora del apelar a lo irremisiblemente lejano o perdido. El deseo no es el agujero en la capa de ozono, no es la deforestación, no es la alteración del clima: el deseo es el ozono, es la fauna y flora, es el clima.

El deseo es la naturaleza humana misma, una naturaleza propia que no se ciñe a los dictados biológicos, de ahí que la historia consista mucho menos en la satisfacción de las necesidades que en la insatisfacción del deseo, de ahí que haya historia e historias, de lo contrario habría sólo historia natural.

Las civilizaciones son una fase de la naturaleza humana. No hay otra civilización que la del deseo. Allí es donde entran en tensión y diálogo con el deseo proyectos como el de la justicia, la verdad y la libertad. Allí también es donde se levantan los muros y se abren brechas entre lo que se quiere y lo que se desea.

El consumismo —de bienes y cuerpos— es banalización y domesticación del deseo.

La sexualidad humana no está dictada por la dotación genital ni las funciones biológicas. La sexualidad es cuestión de deseo. La sexualidad es permanentemente asediada por los dispositivos disciplinantes, incluyendo los dispositivos de la llamada “liberación sexual” según los cuales hay sólo una determinada vía para liberar la sexualidad.

Hasta la liberación cede a la tentación del dogma: así como habría sólo una determinada forma de ser hombre y ser mujer —la trazada por la heteronormatividad procreativa— habría una sola forma de liberarse sexualmente. De ahí los fantasmas de fundamentalismo infiltrados en la lucha feminista, lésbica y gay. Hay que echar a patadas esos fantasmas.

Del mismo modo que “ser hombre” o “ser mujer” son papeles socio-culturalmente construidos, “ser lesbiana” y “ser gay” son construcciones irreductibles al esencialismo de tal o cual repertorio de rasgos. Un proyecto de liberación debe proponerse el objetivo de despojarse de los esencialismos.

Mejor que el pronunciamiento de la liberación sería el despliegue cotidiano de tácticas y acciones emancipatorias. Una de estas acciones es la denuncia de cualquier práctica de intolerancia, estigmatización y odio sexual. Estas prácticas y las ideas que las sostienen deben ser objeto de enérgica confrontación.

Cuando sales del placard, ¿a dónde vas a dar? Quien sale del placard no se libera de poder alguno, sino que se sitúa en un enfrentamiento abierto contra el poder heteronornativo. Hay un afuera del placard, pero no hay un afuera del poder (Michel Foucault, dixit).

Una duda: ¿los homosexuales que demandan el derecho al casamiento legal, son conservadores que abrazan una institución caduca como el matrimonio, o libertarios que aspiran a tomar por asalto un gran bastión del imperio heteronornativo?


Por si no bastara con invocar un supuesto “orden natural de las cosas”, cierto bestiario fascista local pone en aceleración las partículas de su guisado ideológico —amalgama bizarra de telurismo, catolicismo y panteones precolombinos— para exprimirles a los pueblos originarios de las Américas jugos homofóbicos con que preparar nuevas pócimas… que de nuevas poco y nada tienen, más bien rancias sin remedio. Entonces ya no solo es la naturaleza sino aquel natural de estas tierras elevado ahora a la categoría de representante de otro orden infalible. Así nos dicen estos defensores de un nacionalismo enraizado en la noche más oscura de la razón que los Incas despreciaban a los homosexuales. Por lo tanto, a despreciar se dijo, total si es Inca es incuestionable, ahora que el imperio incaico devino en ley escrita con trazo grueso.

Removido el inca de cualquier pedestal fundamentalista, vayan algunas observaciones con respecto a la homosexualidad en los pueblos originarios. Antes de la llegada de los colonizadores, los nativos de estas comarcas y la mayor parte de sus civilizaciones tenían respeto y tolerancia por las personas de esta orientación sexual, así como por la mujer. En Centroamérica, las islas del Caribe y Norteamérica, los homosexuales eran considerados frecuentemente como seres especiales, mágicos, dotados de poderes sobrenaturales cuya cercanía era augurio de buena suerte. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo relata que había indígenas que acostumbraban, para buscar protección y ayuda divina, llevar una joya de oro que representaba en bajorrelieve un hombre copulando con otro. La institución del "berdache" u hombre-mujer, mago y chamán, en muchas tribus de Norteamérica, así como los ejemplos escultóricos de las culturas mesoamericanas, indican una tolerancia y hasta aprecio de las prácticas homosexuales similar a las del mundo mediterráneo precristiano o las de la India clásica.

En los pueblos precolombinos cada grupo indígena concibió a la sexualidad de acuerdo con su cultura; en el Nuevo Reino de Granada, los caudillos desnudos promovían las relaciones homosexuales entre sus seguidores, lo que escandalizó al cronista fray Pedro Simón quien indignado sentenció a todas estas naciones por haber "caído en el pecado nefando". Según estudios antropológicos, los nativos de Ecuador respetaban la bisexualidad y, según sus leyes y creencias, para ser Chaman era necesario ser homosexual, lo cual implicaba sabiduría, la representación de lo masculino y femenino en un solo ser.

En México hay momentos en la historia del país en los que la homosexualidad y el transvestismo formaron parte normal de la sociedad y eran aceptados hombres que se vestían y realizaban actividades laborales como las mujeres. En el imperio Azteca algunas tribus del estado de Sonora permitían que ciertos hombres asumieran el papel de mujer sin necesidad de tener un esposo, ni tener que avergonzarse de ello en absoluto. Por ejemplo, en la tribu de los Mojaves, los jóvenes tenían libertad para elegir su propia identidad sexual mediante un rito sagrado en el que los infantes tomaban algún objeto femenino o masculino como obsequio. En las poblaciones Zapotecas de Oaxaca aún se pueden encontrar hoy en día los muxe, quienes son considerados parte de un tercer sexo. Los muxe nacieron varones pero se visten con ropa de mujer y asumen roles femeninos en la comunidad. Tradicionalmente los muxes también tenían el rol de iniciar sexualmente a los muchachos adolescentes, ya que no era socialmente aceptado que las jovencitas perdieran la virginidad antes del matrimonio. Un estudio antropológico realizado durante la primera mitad de la década de los 70's encontró que aproximadamente 6 por ciento de la población masculina del Istmo de Tehuantepec estaba compuesta por muxes. En el 2005, la directora mexicana Alejandra Islas filmó un documental acerca de las muxes de Juchitán de Zaragoza titulado "Muxes: Auténticas, intrépidas y buscadoras de peligro".

Muy a pesar de nuestra barbarie vernácula, son escasos los datos acerca del Imperio Inca en cuanto a este tema. A un hombre homosexual o gay se le llamaba hualmishcu, y a la lesbiana holjoshta. En la sierra sureña del Perú la homosexualidad no tenía aceptación alguna, en cambio en la costa central y costa norte era algo habitual. La homosexualidad femenina parece haber sido más conocida: según la crónica de Felipe Guzmán Poma de Ayala, Kapak Yupanqui tenía "un cariño muy especial por ellas" (las mujeres homosexuales). Los Incas sí tuvieron mucha consideración por las mujeres, las cuales gozaban de gran desenvoltura y libertad en el trato social e incluso podían participar en combates en tiempos de guerra. Igualmente, se les permitía ser bastante promiscuas sexualmente y participar en la toma de decisiones.


Ciertamente, parece que en general, la homosexualidad en el incanato no era bien vista (especialmente en la sierra), ya que entre las máximas de la moral inca incluía “no seas afeminado o pervertido”. Nada que temer: las máximas incaicas no equivalen a las leyes de Newton.

En la cultura aymara la homosexualidad era conocida y respetada; del mismo modo, entre los mapuches y guaraníes, principalmente en el pueblo guaraní donde se dice que tenían estas prácticas sexuales con normalidad y naturalidad, sin tener preocupación alguna. Todo esto se puede apreciar en la artesanía precolombina, como en los monolitos, ídolos, vasijas de barro, etc. (Fuente: Indymedia Bolivia 21/09/2009).

Así que dejemos en sus tinieblas al nacionalismo jurásico, entretenido con sus indiecitos de juguete. Sin embargo, no olvidemos que estos personajes y muchos otros menos pintorescos hormiguean en el mundo fuera del placard. Por eso hacen falta acciones cotidianas de emancipación, tácticas que desarticulen ese hormigueo y sus insidiosas larvas.

GÓMEZ

martes 17 de noviembre de 2009

ELOGIO DEL DEPREDADOR

Su arte se cierne sigiloso y exhibicionista a la vez. La astucia conduce cada uno de sus cálculos. Principio dinámico por excelencia, la vida misma se eriza en ellos, en incansable ronda. Sus movimientos son una lanza en vuelo. Acampan en el borde mismo del gran salto. El acecho en los ojos del gran felino, el aire que corta el halcón en picada, el agua filosa en los flancos del escualo… La presa es su cómplice, nada los separaría. La presa sonríe y se recuesta en su alarma. Leen en cada fragmento el rastro de un signo maestro: el gozoso porvenir de su asedio. Cada instante es la antesala del golpe asestado. Su genio asoma entre los recovecos del mundo, barriendo con la mirada el terreno recortado por su vigilia. Acerca de ellos se tejen historias, los reales mitos de su audacia. No ocultan su deseo, lo convierten en guía y emisario: eso los hace magníficos. Se montan en la cima de la escala trófica: allí plantan sus estandartes y banquetes. Los más benévolos, ensayan amables pedagogías, predican lo divertido de las partidas de caza, creen en la transmisión de sus poderes. Sin embargo, en esto quizá fallen. Imposible igualarlos: la cacería sólo puede disfrutarse cuando se empuñan, con clarividencia, fauces y garras.

GÓMEZ GÓMEZ

sábado 14 de noviembre de 2009

LA SEGURIDAD DE LAS CÚPULAS

Nada menos confiable que la farándula convertida en paladín de la “seguridad”. Es altamente improbable que la seguridad que invocan personajes como Tinelli, la Giménez y la Legrand tenga ver con la justicia social, la equidad y el pluralismo. El circo de Tinelli, el teléfono de la Su y la mesa de la Chiqui son bastiones para la defensa de las más recalcitrantes miopías burguesas.

Estas figuras y voces se arman de una retórica fascista donde los males sociales hacen metástasis, convirtiéndose en meras piedras arrojadas contra el poder oficial. La seguridad que predican desde sus crispadas pantallas es la del endurecimiento de los códigos penales y la represión, la seguridad de las cúpulas. Y ya conocemos los espectros que alienta el miedo burgués. Traigo aquí a la memoria una reflexión de José Pablo Feimann sobre este miedo:


“Hay una vieja y certera definición del fascista y es la que lo define como un burgués asustado. Este “miedo” que se apodera del burgués en algunas circunstancias históricas es altamente peligroso. Porque un burgués asustado se transforma en fascista para dejar de serlo: no para dejar de ser burgués sino para dejar de estar asustado. El burgués, al transformarse en fascista, pasa a la acción, a la acción directa, a la violencia. Esto le quita el miedo o se lo disminuye considerablemente. También podríamos ampliar la cuestión y decir que un comunista es un proletario furioso. Cuando Marx decide concluir el Manifiesto pidiendo a los proletarios que se unan, les pide que pasen a la acción, que transformen sus cadenas en furia. Así, ese “fantasma” que recorre Europa y que ha construido uno de los comienzos más célebres de la literatura política (“Un fantasma recorre Europa”) es el fantasma de la furia proletaria, que es el comunismo. Ante este “fantasma” reacciona la vieja Europa. La burguesía se asusta de este fantasma y lo combate con la violencia. Los movimientos de contrainsurgencia que derrotaron las revoluciones de las comunas en el siglo XIX estuvieron creados por el miedo a un fantasma. Un fantasma es más que algo real. Es una construcción ficcional. Es, si se quiere, un relato. El fantasma del comunismo era la amenaza que la burguesía visualizaba por todas partes, con la ubicuidad, con la evanescencia de los fantasmas. Que están en todas partes y en ninguna. Porque el burgués asustado se hace fascista para ver enemigos en todas partes. Todos, menos él, son presencias fantasmáticas, construcciones de su terror, enemigos infinitos e inasibles. De aquí que la violencia no pueda ser selectiva. El miedo no es selectivo. El miedo tiene que eliminar todo lo que no sea él. Por eso los fascistas dicen siempre: “Ellos o nosotros”. En suma, vamos a eliminar todo aquello que sea diferente, toda diferencia es un fantasma, toda diferencia es un enemigo. (...) Una sociedad asustada cambia su libertad por su seguridad. Hay aquí una relación de hierro. Una sociedad aumenta sus parámetros de seguridad cuando un aparato represivo poderoso se adueña de ella. Esa seguridad tiene un costo: la restricción de las libertades individuales. Ese costo, al burgués asustado, no le importa. Es el costo del fascismo. No me importa tener menos libertades, quiero vivir más seguro. Tengo miedo y vivir seguro me lo quitará”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-675-2003-03-30.html

lunes 28 de septiembre de 2009

INIMITABLE

Malinowsky se fue a las islas Trobriand, Levi-Strauss al Amazonas, Margaret Mead a Samoa, los antropólogos de los mundos contemporáneos van a las villas, yo me fui a la cancha. Una dosis de etnografía ideal para contrarrestar la melancolía de un domingo gris y ventoso. No encontré ni al bárbaro temible, ni al buen salvaje ni al indígena urbano. Sí hubo un viaje: el descenso a una napa de gregarismo erizado en torno a una contienda deportiva. En la tribuna, dos de los comportamientos básicos de la horda: adhesión y repulsa, traducidos a una copioso redoble verbal. Vocabulario y fraseología de la repulsa: "puto", "chupa-pingo", "culiao, hijo de puta", "culo-roto"... y la lista continua, algo previsible pero llamativo por su condición de cascada constante. Sobresale en el ardor de este flujo, dentro de un cántico, una invitación escasamente amable: "¡...andate a Bolivia y hacete culiar!". Por su parte, el no menos profuso repertorio de la adhesión deparaba alguna selección léxica de inesperado acicalamiento: "inimitable", se dice de la barra de Atlético en uno de los himnos de la nación decana. Sí, porque de un partido entre Atlético Tucumán y Lanús se trataba. Me olvidé de decirlo quizá porque lo que ocurría a mi alrededor en las gradas me resultaba más interesante que los acontecimientos del campo de juego. Y a propósito de aquel entorno mío, particular fascinación me producía el modo en que un hincha junto a mí repetía una y otra vez, incansablemente, con diferentes tonos pero sin pausa alguna, como si fuera un mantra, el himno decano. Cosas del éxtasis futbolero. En el segundo tiempo Atlético hizo dos goles, sin embargo Lanús no tardaría en igualarlo. Pero de eso que hablen los que saben. Yo me quedo con la confirmación de que el fútbol, la cancha y sus rituales son —como otras zonas del engranaje de la vida— mis tristes trópicos.

VOLVER

Desde hace un tiempo, constantemente me repetía a mí mismo: "tengo que volver a mi blog". Como suele ocurrirme, esto no iba más allá del martilleo de las intenciones. Quizá mi verdadero "habitus" sea sustraerme de la acción. Como sea, estoy de vuelta. Sigo creyendo en la palabra como instrumento de búsqueda. En el mejor de los casos las palabras entretejen una conversación y, afortunadamente, no son pocas las conversaciones que me han alcanzado alguna claridad. Pues sí: de vuelta.

domingo 21 de diciembre de 2008

EL ORDEN NATURAL

En estos últimos meses del año se ha producido en el espacio urbano local un brote de impresos, adheridos a diversos soportes en la vía pública, difusores de un renovado fervor nacionalista. Ojalá pudiéramos creer que se trata solo de los síntomas de alguna insolación. Estos pronunciamientos se crispan también en sitios web donde los cultores de esta fe se explayan sobre sus apologías y rechazos. Entre otras manifestaciones de este tipo, la agrupación nacionalista tucumana La Barbarie (nunca un nombre tan bien elegido) expone en su página web que lucha contra “la alteración del orden natural: homosexualidad, bisexualidad, travestismo”. Como suele ocurrir, más que la existencia o inexistencia de un “orden natural”, lo interesante está en los usos de ese concepto y en quiénes se lo apropian para sentenciar un “desorden”.
Por lo visto, hace falta recordar que acerca de lo humano el único orden natural sostenible es el del libre albedrío. Desde esta condición la humanidad ha forjado diversos sistemas de normas y leyes que regulan la vida social. Pero si se entiende por “orden natural” las determinaciones biológicas, el destino individual y colectivo de los seres humanos no se recorta sobre esos patrones. Claro que en este caso, las alteraciones del “orden natural” están claramente especificadas: aquellas que afectan a la sexualidad, unos de los campos preferidos a la hora de vigilar y castigar. Escandalizan las orientaciones sexuales alternativas, pero no ocurre lo mismo con realidades como la falta de equidad social, será quizá porque desde estas bienpensantes miradas la pobreza y la exclusión son parte del “orden natural”.
Una de las herramientas predilectas de los sectores hegemónicos es la postulación y prédica de un “orden natural”, dispositivo de control y recurso de auto-legitimación. Una vez aceptado ese "orden natural", tenderemos a rechazar toda conducta discordante como "desviada" y la condenaremos por escandalosa, perjudicial o aberrante. ¿Era “natural” el orden monárquico? Bueno, hoy en día nadie —ni los más fervientes defensores de las coronas— se atrevería a afirmar esto. Sin embargo, durante mucho tiempo, el apoyo de los infaltables y siempre funcionales dogmas religiosos, se afirmó que el "orden natural" de la sociedad era la monarquía de derecho divino. En consecuencia, ser partidario de otro sistema, como el republicano, constituía un delito casi blasfematorio. Delito creado, claro está, por la ley de los monarcas, que no tenía nada de "orden natural" porque para la naturaleza no hay delitos. En todo caso, para la naturaleza hay ciertos “errores” de adaptación o de severo desajuste con el equilibrio ecológico que se pagan con la extinción.

Como ya señalamos, la sexualidad suele ser uno de los territorios más celosamente custodiado por estos observatorios del “orden natural”. Por supuesto, cualquier comportamiento sexual que se aparte de la hegemonía heterosexual procreativa será un atentado contra ese orden. Esto se aplica con especial rigor a institucionalizaciones como el matrimonio católico, monogámico e indisoluble. Si este es el "orden natural", entonces una inmensa porción de la humanidad organizada según otros modelos familiares vive en contra de la naturaleza.Sin embargo, la prédica acérrima del orden natural en términos de este modelo de sexualidad (y sexualidad modelo) no es exclusividad de fundamentalismos como el de la derecha nacionalista, La exaltación del esquema heterosexual procreativo monogámico es recurrente en activismos y regímenes revolucionarios socialistas, base para el trazado de un arco que va desde la discriminación hasta la sistemática persecución homofóbica, como es el caso de la Cuba revolucionaria.
El “orden natural” no existe sino como creencia; no es un trazado inapelable de la naturaleza, sino un dictado ideológico. El ser humano, si bien condicionado por su naturaleza, no es un ser natural sino histórico y, como tal, diverso y en permanente cambio. Cualquier arremetida contra esa diversidad es, precisamente, lisa y feroz barbarie.
GÓMEZ

lunes 1 de diciembre de 2008

ENERO 07

para el rubio

El verano era una película de terror. Había monstruos en la soleada y vacía inmensidad de esos días. Monstruos detrás del éxodo total, en los rincones de las noches insomnes, entre los papeles que se apilaban ignorados… Los monstruos arrasaban con mi ciudad de cartón. Las reinas del grito hacían lo suyo y faltaban héroes. No había plan alguno. Los custodios de la razón y de la fe nada tenían que hacer con esa catástrofe de bajo presupuesto. Pesadilla de tiempo completo. El asesino volvía a la escena del crimen y se quedaba a vivir en ella. Escribía una y otra vez el nombre de su víctima en las paredes. Era su propio nombre. Era mi nombre. No había tormenta ni relámpagos. Los espejos no estaban cubiertos. Sólo ese nombre mío y sus rostros. Los vecinos no importaban. Cada uno en lo suyo, regando alegremente el jardín o la vereda. Mamá enferma, como de costumbre; bien, gracias. Las mascotas con sus gracias sin demasiada gracia. Pero no había manos enguantadas en cuero negro con puñales indiscretos, ni una cortina de baño arrancada por el peso de la muerte, ni un remolino de sangre yéndose con el agua por el sumidero. Las remakes son inútiles, molestas, inevitables. Las noches de luna llena eran solo noches sin amor. Los muertos en sus tumbas, ningún problema con ellos. Las horas eran las que metían miedo. Ir saltando de una a otra como sobre piedras resbalosas. Ir y venir, de una mansión embrujada a otra. El demonio es un anfitrión muy hospitalario, insiste siempre en hacerte quedar. Los demás eran incrédulos. Yo a veces rezaba. La calificación podría haber sido “apta para todo público”, “sin escenas de violencia”, “sin sexo”, “aburrida”. Final abierto. Un misterio. Fatalmente habría secuelas. Yo lo sabía, pero ayudaba saber también de otras películas de verano, menos obvias, menos dramáticas. Vos me hablabas de ellas cuando algún mensaje tuyo me contaba que no habías podido soportar la vida en la playa sin Los Ramones y tuviste que comprarte de emergencia un disco trucho. En esos momentos, los monstruos de mi película dejaban por un rato de romperme las pelotas. Así es que sigo vivo.

GÓMEZ

viernes 28 de noviembre de 2008

EL GRAFFITI TAN TEMIDO

En la edición de octubre de la revista de una compañía de televisión por cable local, un reputadísimo historiador de esta comarca la emprende contra el graffiti. Este esclarecido gesto tiene el valor de recordarnos —si falta hiciera— quién es quien entre los más notorios saurios del jurásico provinciano. Distraído por un rato de su interés por la genealogía de las linajudas familias tucumanas, este profesional de la historiografía se da tiempo para sentenciar que el graffiti “constituye un acto antisocial: un delito liso y llano”.
¡Horror de horrores!, la prueba está en el daño a “edificios del Estado y de los particulares”, quienes son obligados a “gastar dinero para volver las cosas al estado anterior”. En la consecuencia extrema del acto delictivo, “hay casos en que perjudica para siempre el soporte que eligió, porque borrar la pintura es imposible o muy difícil en ciertos tipos de revoques”. Conmueve la comprometida sensibilidad del intelectual por realidades tan desamparadas como las de “ciertos tipos de revoques”, por no hablar de su solidaridad por los propietarios… bah, por la propiedad, digamos.
Nada nuevo. Debido a su condición intrusiva de práctica estética que toma por asalto el espacio público, es un lugar común caracterizar al graffiti como una forma de vandalismo. La iracunda voz institucional poniendo el grito en el cielo (un cielo también institucional, claro) es el lógico resultado de cualquier acción que resista o transgreda el orden y la regulación. Sin embargo, podría llamar la atención el énfasis de esta voz en particular si se tiene en cuenta que es la de un historiador.
Desde sus orígenes en la antigua Roma, en Pompeya y Herculano, los graffiti han documentado la heteroglosia popular, el hormigueo del deseo, el susurro y el grano de lenguajes en pugna, fogonazos que alumbran las pasiones de la vida cotidiana. Por todo esto, estas imágenes y escrituras son fuente altamente estimable de materiales no sólo para la historia de la cotidianidad, sino para interpretar el clima social y cultural, el Zeitgeist, de una época.
Nada de esto debería serle ajeno a un historiador. Pero tampoco cabe aquí sorpresa alguna: estamos ante una voz a la que el grano de estos lenguajes le escuece. Nada en ellos remite a alguna noble galería de damas y caballeros patricios.
Y llevado por su ímpetu, el ilustre académico no se detiene en su anatema del graffiti. No duda y va más allá, hasta denunciar la confabulación de “sociólogos y especialistas de la conducta humana en general” que, conjurados en pos de la legitimación de estas “pintadas en las paredes”, les dedicaron “desde sesudos y comprensivos artículos hasta libros y tesis doctorales”. ¡Habrase visto tamaña malversación de la razón!
Una vez puestos en evidencia los vándalos y sus cómplices disciplinarios, descarta no muy convencido la estrategia de apostar un “vigilante que haga guardia, listo para evitar las expansiones de ese joven que guarda un aerosol en su mochila”. Abrazado al sueño de evitar las expansiones de algún joven, concluye asignándole a la escuela la tarea de enseñar que “pintar paredes ajenas” no constituye ni arte ni broma juvenil, sino “un acto de vandalismo que causa injusto daño a terceros y que afea tristemente la ciudad que habitamos". En contraste con estas convicciones, el fundamentalismo del revoque parece la vía más directa a una ciudad fea y triste. La escuela, por su parte, debería ella aprender de un muy citado graffiti del mayo del ’68 francés: “la imaginación al poder”.

GÓMEZ

martes 25 de noviembre de 2008

RAYMUNDO - En Sensemayá, Cine Punzante

Raymundo
(Argentina, 2001)
Dir: Ernesto Ardito y Virna Molina


Raymundo Gleyzer es uno de los referentes del cine político militante argentino de los ’60 y ‘70. Los realizadores de esta cinematografía no veían en el film una forma de espectáculo o de entretenimiento, sino un instrumento para la acción. Un cine cuya búsqueda no era puramente estética, sino fundamentalmente política, llevado por la fe en su capacidad no sólo de reflejar y testimoniar, sino de producir cambios que construyeran el tejido histórico. Gleyzer fue autor de muchos filmes etnográficos, sociológicos, políticos, informativos y de denuncia, incluyendo un ficcional, Los traidores, que desnuda la corrupción sindical. Con su cámara se redescubrieron las realidades sumergidas y así ocuparon las pantallas los rostros y voces de sujetos sociales crónicamente excluidos e ignorados. La obra de Gleyzer sobresale en el marco de un cine que habla de un continente sufriente, donde la Revolución Cubana marcaba los pasos a seguir: un cine de lucha pòpular. Ernesto Ardito y Virna Molina, son los autores de este largometraje que además de narrar la vida de Gleyzer, permite conocer el cine revolucionario latinoamericano y las luchas de liberación de los 60’ y 70’.

Ciclo Sensemayá. Cine Punzante.
Miércoles 19 de noviembre, 21 hs.
Café del Círculo de la Prensa,
Mendoza 240,
San Miguel de Tucumán, Argentina.
Entrada libre y gratuita.